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Por qué no debemos tenerle miedo a las Finanzas

Andrea Barrero Soto*

Hace un par de días, mi hijo de 4 años me pidió que lo dejara ir solo hasta el parque del fraccionamiento. Lo dudé un poco, pues imaginaba los muchos peligros que podían hacer que él sufriera. Sin embargo, recordé que nuestras acciones deben fluir después de evaluar cada una de las situaciones que pueden presentarse y ponderar el riesgo. ¿Por qué les cuento esto? Cuando hablamos de finanzas todo el mundo se preocupa y esto muchas veces impide que nos atrevamos a correr el riesgo de emprender.


Nos hacemos preguntas como: ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo saber si estoy tomando la decisión correcta? ¿Cuento con el capital necesario para arrancar mi negocio o tendré que pedir un préstamo? ¿Y si no vendo lo suficiente? Éstas y muchas otras preguntas nos generan temor, frustración y miedo. Por otro lado, es posible que nunca tengamos la respuesta que nosotros queremos obtener. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es tratar de minimizar los riesgos a través del análisis adecuado de las variables internas y externas que nos puedan afectar.


Calcula tus movimientos

Uno de los pasos de mayor relevancia al empezar un negocio es realizar un análisis de la inversión inicial, definir los costos de producir o de ofrecer el producto o servicio, y la manera en que se generarán los ingresos. Es importante que esto no nos genere pánico y que, por el contrario, podamos definir, a pasos pequeños y manejables, cada uno de estos puntos.

La inversión inicial comprende la adquisición de todos los activos fijos o tangibles, diferidos o intangibles necesarios para iniciar las operaciones de una empresa y fondo de maniobra. Dicha inversión es el capital básico con el que debemos arrancar nuestro negocio y nos debe permitir alcanzar las ganancias esperadas en un determinado periodo de tiempo.

De manera paralela podemos complementar nuestra información con un análisis del costo unitario detallado de los productos o servicios que queremos ofrecer, lo cual nos permitirá establecer nuestro precio de venta. Para lograrlo, es necesario que desarrollemos los costos variables de producción, así como los costos fijos.

Antes de empezar un negocio debemos realizar el análisis de la inversión inicial, definir los costos de producir o de ofrecer el producto o servicio, y la manera en que se generarán los ingresos.

Los costos variables o costos de elaboración (materia prima, mano de obra, luz, agua del área de producción, empaque, comisión de ventas, etc.) dependen del volumen de ventas proyectada en un periodo de tiempo.

Por su parte, los costos fijos: renta, insumos, luz, agua, teléfono, sueldos administrativos y de ventas, promoción, marketing y publicidad, entre otros, no dependen de los niveles de actividad del negocio sino que permanecen inflexibles a su aumento o disminución.

Este análisis nos permitirá conocer la viabilidad de nuestra idea de negocio con lo que podremos iniciar posteriormente un análisis de lo que requiere el mercado y definir si nuestra propuesta de valor genera una solución a las necesidades y deseos de nuestros clientes.

*Andrea Barrero Soto es jefa de Incubación y Microaceleración de Empresas UPAEP.

 

 


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